
RESUMEN EJECUTIVO NACIONAL
BOLETÍN NACIONAL DE ANÁLISIS DE RIESGOS AGROCLIMÁTICOS PARA LAS PRINCIPALES ESPECIES FRUTALES Y CULTIVOS, Y LA GANADERÍA
Mayo 2026
PERIODO |
: |
01 al 31 de Mayo de 2026 |
ELABORADO POR |
: |
Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) |
DESTINATARIO |
: |
Unidad Nacional de Emergencia Agrícola y Riesgo Agroclimático (UNEA), Ministerio de Agricultura. |

BOLETIN AGROCLIMÁTICO NACIONAL
¿Qué está pasando con el clima?
A lo largo de Chile, el clima proyectado para el trimestre mayo-junio-julio de 2026 muestra un país dividido entre la persistencia de la aridez en el norte y una creciente probabilidad de lluvias más abundantes desde la zona central hacia el sur. En el Norte Grande, desde Arica y Parinacota hasta Antofagasta, se anticipan condiciones secas y precipitaciones bajo lo normal, manteniendo la fragilidad hídrica característica del desierto de Atacama. El Norte Chico, especialmente Coquimbo, marca un cambio relevante: los modelos climáticos proyectan lluvias normales a sobre lo normal, con posibilidades de acumulados superiores a los registros típicos de la temporada. En la macrozona central —Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins— el escenario también apunta a precipitaciones dentro o por encima de los rangos históricos, aunque los especialistas advierten que un posible evento de El Niño no garantiza por sí solo un invierno lluvioso, ya que las lluvias en Chile dependen además de complejas configuraciones atmosféricas sobre el Pacífico Sur. Desde Maule hasta Biobío, y luego en La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, predominan señales de un trimestre más húmedo que el promedio, especialmente en sectores costeros y precordilleranos donde podrían intensificarse los sistemas frontales. En contraste, el extremo austral entre Aysén y Magallanes presenta un pronóstico más incierto, aunque con temperaturas proyectadas sobre lo normal en varias áreas australes. En términos térmicos, el norte y el extremo sur tenderían a registrar temperaturas más cálidas de lo habitual, mientras la zona centro-sur podría experimentar máximas normales o ligeramente más bajas, en un escenario climático marcado por la interacción entre variabilidad natural y cambio climático global.
Este panorama meteorológico nos impone considerar también, en este resumen ejecutivo, ¿qué ocurre con el agua, qué impacto económico se puede observar ahora a fines de otoño y qué recomienda INIA para confrontar estas condiciones agrometeorológicas?

Figura 1. Evolución de Modelos de predicción del comportamiento del fenómeno ENSO representando la probabilidad de ocurrencia de La Niña en la mitad inferior del gráfico, y la de El Niño en la mitad superior del gráfico. Los registros en el rango entre -0.5 y +0.5 representan un pronóstico de condiciones neutras, y los registros sobre 0.5 indican el probable desarrollo del fenómeno del Niño.


Figura 2.- Tendencias meteorológicas, los símbolos de flecha arriba indican tendencias mayores a las del año pasado y los símbolos de flecha hacia abajo representan tendencias menores al año pasado, en referencia a temperatura en zonas costeras y de valle interior. Fuente: Red agrometeorológica INIA.
¿Qué ocurre con el agua?
A lo largo de Chile, los recursos hídricos muestran un país profundamente contrastado: mientras el norte continúa atrapado en una condición estructural de escasez, el centro-sur y el extremo austral exhiben una recuperación parcial impulsada por lluvias superiores a las del año pasado. En el Norte Grande, desde Arica hasta Antofagasta, persisten déficits de precipitaciones y embalses bajo presión, aunque algunos sistemas aislados, como Conchi en el Loa, mantienen niveles relativamente altos. El Norte Chico enfrenta la situación más delicada: en Atacama y Coquimbo varios embalses estratégicos permanecen bajo el 20% de su capacidad —entre ellos La Paloma, Puclaro y Lautaro— reflejando años consecutivos de sequía y una casi total ausencia de nieve acumulada en cordillera. En la macrozona central, que incluye Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins, las lluvias de otoño han mejorado parcialmente las reservas para agua potable y generación eléctrica, con embalses como El Yeso y Rapel mostrando condiciones más estables, aunque aún conviven con déficits pluviométricos importantes en sectores costeros y agrícolas. Más al sur, desde Maule hasta Biobío, las precipitaciones han sido más generosas y varios indicadores muestran superávit respecto de los promedios históricos recientes, favoreciendo embalses hidroeléctricos y de riego, aunque algunos reservorios agrícolas menores siguen en niveles críticos. En las macrozonas Sur y Austral, desde La Araucanía hasta Magallanes, predominan excedentes de lluvia y una recuperación visible de caudales y humedad territorial.


Figura 3.- Tendencias meteorológicas, los símbolos de flecha arriba indican tendencias mayores a las del año pasado y los símbolos de flecha hacia abajo representan tendencias menores al año pasado, en referencia a precipitaciones en zonas costeras y de valle interior. Fuente: Red agrometeorologica INIA.
¿Qué impacto económico se puede observar?
Las cifras del comercio agropecuario chileno de los meses de abril de 2025 y de abril de 2026 muestran un escenario de contrastes que podría tener efectos visibles tanto en la economía rural como en el bolsillo de los consumidores. Mientras las exportaciones de frutas frescas —uno de los pilares del sector agrícola chileno— disminuyeron desde 332 mil a 305 mil toneladas y su valor cayó desde US$582 millones a US$508 millones, las importaciones de frutas aumentaron con fuerza, pasando de 35 mil a más de 49 mil toneladas, acompañado de un incremento de casi 73% en su valor importado. Algo similar ocurre con el trigo, cuyas importaciones crecieron significativamente en volumen y valor, reflejando una mayor dependencia externa para abastecer el mercado interno. En contraste, las exportaciones de hortalizas aumentaron tanto en volumen como en valor, lo que podría indicar una mejor adaptación de ciertos cultivos a las actuales condiciones de mercado y disponibilidad hídrica. También destaca el aumento en el valor de las exportaciones de semillas, que subieron desde US$58 millones a más de US$78 millones, sugiriendo una creciente relevancia de Chile como proveedor especializado para la agricultura internacional. Aunque sería apresurado atribuir estas variaciones exclusivamente al clima, resulta inevitable observar que varios de los rubros más afectados coinciden con sectores sensibles a la sequía, al aumento de temperaturas y a la incertidumbre meteorológica que ha marcado los últimos años en Chile. Para la sociedad en general, estas tendencias no solo hablan de exportaciones e importaciones: también anticipan posibles cambios en precios de alimentos, empleo agrícola, uso del agua y capacidad del país para sostener su producción alimentaria frente a escenarios climáticos cada vez más variables.


Figura 4.- Comparación de volumen y valor de exportaciones agropecuarias del mes indicado entre
2025 y 2026.


Figura 5.- Comparación de volumen y valor de importaciones agropecuarias del mes indicado entre
2025 y 2026.

Figura 6.- INIA investiga nuevas técnicas de control de Botrytis en post cosecha de arándanos, explorando el uso de una bacteria que fue aislada desde la Antártida.
¿Qué recomienda INIA para confrontar estas condiciones agrometeorológicas?
ZONA NORTE GRANDE: Arica, Tarapacá, Antofagasta
- Ajustar el riego de hortalizas de hoja en los valles costeros y oasis interiores del Norte Grande, considerando que el próximo trimestre se proyecta con precipitaciones bajo lo normal y temperaturas más cálidas que favorecen una rápida pérdida de humedad en el suelo.
- Monitorear los cultivos de tomate bajo invernadero para prevenir enfermedades fungosas y estrés térmico, aprovechando ventilaciones tempranas debido a las altas temperaturas diurnas y la persistencia de condiciones secas pronosticadas para la macrozona.
- Mantener reservas de agua para la producción de alfalfa y forraje destinado a ganado caprino y camélidos, considerando la limitada disponibilidad hídrica superficial y la alta dependencia regional de acuíferos y riegos tecnificados.
- Revisar los sistemas de riego presurizado en cultivos de vid y olivo del Norte Grande, con el fin de reducir pérdidas de agua por evaporación frente a un trimestre con escasas lluvias y elevada radiación solar.
- Controlar plagas en cultivos hortícolas como pimiento y ají, debido a que las condiciones cálidas y secas pronosticadas para Arica, Tarapacá y Antofagasta favorecen la persistencia de insectos y ácaros durante el otoño e inicio del invierno.
ZONA NORTE CHICO: Atacama y Coquimbo
- Ajustar la carga productiva de los parrales de uva de mesa en Coquimbo, considerando la limitada disponibilidad de agua embalsada y la necesidad de equilibrar la futura demanda hídrica frente a un trimestre que podría presentar lluvias normales o sobre lo normal, pero aún con alta incertidumbre climática.
- Mantener riegos controlados en cultivos de olivo y variedades tempranas de aceituna, evitando estrés hídrico durante la cosecha y postcosecha debido a que los embalses de la macrozona continúan en niveles críticamente bajos pese a las recientes precipitaciones.
- Realizar análisis de yemas en vides de mesa para estimar la fertilidad y planificar podas más ajustadas a la disponibilidad de agua esperada para la próxima temporada agrícola.
- Monitorear enfermedades fungosas en hortalizas de otoño como lechuga, brócoli y cilantro, ya que el aumento proyectado de humedad y la posible ocurrencia de lluvias favorecerían condiciones para su desarrollo en valles costeros y sectores interiores.
- Revisar y mantener sistemas de riego tecnificado en nogales, hortalizas y frutales del Norte Chico, aprovechando el periodo otoñal para reducir pérdidas de agua en una macrozona que continúa bajo fuerte presión hídrica estructural.
ZONA CENTRO: Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins
- Ajustar el riego de paltos en Valparaíso y sectores interiores de la zona central, considerando que aunque se proyectan lluvias normales o sobre lo normal, los embalses y acuíferos aún muestran recuperación incompleta tras años de sequía prolongada.
- Ventilar los invernaderos de tomate durante las mañanas en la macrozona Centro, para reducir la humedad y prevenir enfermedades fungosas favorecidas por noches más frías y posibles aumentos de precipitaciones otoñales.
- Retrasar la poda de viñas y parronales en O’Higgins y Metropolitana para disminuir el riesgo de daños por heladas primaverales, especialmente en sectores donde se esperan temperaturas más bajas durante el invierno.
- Monitorear plagas y enfermedades en hortalizas de hoja como lechuga, acelga y espinaca, debido a que las temperaturas moderadas y el aumento de humedad favorecen la persistencia de pulgones, trips y enfermedades sanitarias.
- Preparar las colmenas de abejas para la invernada en la zona central, reforzando el control de varroa y asegurando reservas de alimento, aprovechando las condiciones otoñales aún benignas antes del descenso más intenso de temperaturas.

Figura 7.- Tristagma sessile, hierba endémica, y geófita con bulbo, distribuida en la cordillera de las regiones Metropolitana y del Maule.. Foto cortesía de María Teresa Eyzaguirre
ZONA CENTRO SUR: Maule, Ñuble y Biobío
- Preparar los suelos para el cultivo de trigo en Maule y Ñuble, aprovechando las precipitaciones proyectadas para el trimestre y evitando retrasos en la siembra por posibles eventos de lluvia más intensos durante el invierno.
- Monitorear la humedad y sanidad en huertos de arándano y frambueso, debido a que el aumento esperado de lluvias y humedad ambiental puede favorecer enfermedades fungosas durante el receso invernal.
- Ajustar la cosecha y secado del arroz en la Región del Maule, considerando que las temperaturas extremas recientes han afectado la calidad industrial del grano y que se proyecta un otoño con condiciones más húmedas en los próximos meses.
- Mantener reservas de forraje y suplementación mineral para bovinos y ovinos del Centro Sur, anticipando periodos de alta humedad y menor crecimiento de praderas durante el invierno.
- Controlar malezas y revisar drenajes en cultivos y praderas de Biobío y Ñuble, ya que lluvias sobre lo normal podrían provocar anegamientos que dificultan pastoreo y cosecha.
ZONA SUR: Araucanía, Los Ríos y Los Lagos
- Mejorar el drenaje de praderas y cultivos forrajeros en La Araucanía y Los Ríos, considerando que el próximo trimestre se proyecta con precipitaciones normales a sobre lo normal y suelos con alta acumulación de humedad.
- Proteger el almacenamiento de papa y hortalizas de invierno frente al aumento esperado de lluvias y humedad ambiental, para reducir pérdidas por pudriciones y problemas sanitarios en bodegas.
- Monitorear enfermedades fungosas en cultivos de trigo y avena del sur de Chile, debido a que las temperaturas frescas y la persistencia de humedad favorecen el desarrollo de hongos foliares y enfermedades radiculares.
- Ajustar la carga animal en sistemas ganaderos bovinos y ovinos, asegurando disponibilidad de forraje conservado para enfrentar periodos prolongados de lluvia y menor crecimiento de praderas durante el invierno.
- Revisar los sistemas de evacuación de aguas en huertos frutales y cultivos hortícolas de Los Lagos y La Araucanía, para evitar anegamientos y daños radiculares asociados a precipitaciones intensas pronosticadas para la temporada.
ZONA AUSTRAL: Aysén y Magallanes
- Proteger el ganado ovino y bovino en Aysén y Magallanes mediante refugios y suplementación forrajera, considerando que el próximo trimestre presentaría bajas temperaturas, fuertes vientos y alta humedad en sectores australes.
- Revisar el drenaje de praderas permanentes y cultivos forrajeros para evitar anegamientos y pérdida de productividad, debido al aumento esperado de precipitaciones y saturación de suelos en la macrozona Austral.
- Almacenar hortalizas y papas en bodegas ventiladas y protegidas de la humedad, para disminuir riesgos de pudriciones favorecidas por las condiciones frías y húmedas pronosticadas para el invierno austral.
- Monitorear la condición corporal del ganado bovino antes del periodo más frío del año, ajustando oportunamente la suplementación energética frente a un escenario climático con heladas y menor crecimiento de praderas.
- Mantener cortinas cortaviento y protección en invernaderos de hortalizas, especialmente para cultivos de lechuga y acelga, debido a la persistencia de temperaturas bajas y eventos de viento intenso característicos del extremo sur de Chile.
AUTORES
Jaime Salvo, Ing. Agrónomo Ph.D, La Cruz
Marcel Fuentes Bustamante, Ingeniero Civil Agrícola MSc., Quilamapu
Marjorie Allende Castro, Ing. Agrónomo, INIA Ururi
Luis Contreras, Técnico Agrícola, INIA Calama
Claudio Balbontín Nesvara, Ing. Agrónomo, Dr., Intihuasi
Felipe Gelcich Renard, Ing. Agrónomo, INIA La Platina
Gustavo Chacón Cruz, Ing. Informático, La Platina
Marisol Reyes Muñoz, Ing. Agrónomo Dr., Raihuen
Jaime Otarola Candia, Ing. Agrónomo, INIA Rayentué
Raúl Orrego, Ingeniero en Recursos Naturales, Dr, Quilamapu
Héctor Pauchard Cuevas, Técnico Agrícola, INIA Carillanca
Rodrigo Bravo Herrera, Dr. en Ciencias Agrarias, Remehue
Diego Arribillaga G., Ing. Agr., Tamelaike
Ángel Suarez, Ingeniero Ejecución en Agronomía, Kampenaike
